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Una España inolvidable pone de rodillas a Francia.

España clasificó a la gran final del Mundial tras vencer 2-0 a Francia en las semifinales, con una actuación estelar y un gol de Pedro Porro.

La selección española, tras una exhibición de fútbol colectivo, jugará la segunda final de un Mundial de su historia el próximo domingo en Nueva York.

Cómo explicar que España, tan tranquila, tan serena, quitándose una mota de polvo de la solapa de la chaqueta, silbando, casi con un palillo en la boca, desquició a Francia, a la todopoderosa Francia.

La disolvió, la desintegró, trasteó con ella como el gatito con el ovillo de lana,  todo entre los olés de un público atónito, estupefacto al ver cómo España, ¡vaya equipo!, dejaba en nada, en absolutamente nada, a la favorita, a la inalcanzable, a la todopoderosa Francia.

Jugará España la final del Mundial, la segunda de su historia.

Con una maravillosa lección de fútbol colectivo, un día ya inolvidable en la historia del fútbol español, el día en que la selección de Luis de la Fuente.

16 años después. España es un equipo mayúsculo. Quizá sin la misma cantidad de estrellas, pero con una fuerza, la del grupo, que la hace imparable.

La imagen de superioridad sobre Francia, pase lo que pase en este Mundial, quedará para la historia.

Francia no fue capaz en todo el partido de desplegar su velocidad, intimidante, ni su calidad, fascinante, por ejemplo, en las botas de Olise. Sus cuatro hombres de arriba, Mbappé, Olise, Dembélé y Barcola, se pasaron la mayor parte del tiempo persiguiendo el balón, y claro, eso cansa y frustra.

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