Ático por Eduardo Aguirre.
Morelia está de aniversario y alrededor del millón de pesos tuvo el costo de la presentación de un espectáculo en el centro, erogados de impuestos a los contribuyentes. Y no sabemos si hubo moche, ni lo descarto ni lo aseguro pues con aquello de que ya no hay confianza en las instituciones, uno ‘nomás’ desconfía.
Por otro lado van a terminar mochando pero las columnas de cantera que sostienen los portales de la Avenida Madero, pues allí amarraron cuerdas para el armado del templete donde afamado grupo musical se presentaría por la noche del 18 de mayo. No se vale, no hay respeto al patrimonio cultural de la ciudad. Bien dijo el Maestro Lalo Montes en su página de ‘Morelia, tragedia de piedra’: «Morelia no tiene remedio». Nuestros torpes funcionarios siguen en la misma de pasar por encima de todo con tal de prodigar pan y circo al pueblo. Desde luego que se maltrata la piedra, y entonces, por ahí dicen, que se le tiene mucho apego a la piedra. Yo les diría que como dijera Jesucristo: las piedras gritarían. Por que la piedra es historia y es fundamento de las grandes ciudades. Solamente los muy ignorantes no conocen el significado del silencio de las piedras, mudas testigos del paso de los siglos y épicos aconteceres.
No hay nada que celebrar en una ciudad que no se respeta a sí misma, y con gobernantes que han desaprovechado su calidad escénica. Pues, si no se han dado cuenta l@s secretari@s, les diré que Morelia es una Ciudad-Escenario. Deberían cuidarla más en su integridad física pero ya sabemos que les interesan más los acarreos electorales y el manoseo político. No sirven para nada. No tienen imaginación, ni supuesto recurso para aprovechar a los artistas locales y los escenarios que la ciudad ofrece, por eso mismo no les importa mantenerla en buenas condiciones estructurales.
Para toscas estructuras, ya que lo citamos aquí, están esos horribles bodoques de concreto que han montado sobre varios edificios coloniales y arruinan el aspecto y soporte de construcciones que no fueron exprofesas para contener estupideces. Dígame Ud. qué se celebra, ¿estar destruyendo Morelia?
Sí hay celebraciones pero célebres en las frías agendas de las burócratas secretarías culturales carentes de propuestas y proyectos. Eventos comerciales de masa. Prefabricados. Más de lo mismo, más de lo mismo. Pobrecita ciudad, caramba. Es un verdadero cataclismo.
Y para cataclismos, el desastre que dejaron en la Av. Siervo de la Nación entronque con Periodismo. Una obra que está tirada por ningún lado, herencia de una pésima administración y habrá que saber qué piensan los vecinos de esa zona de la ciudad acerca del aniversario. Aniversarios los que les dejaron con esa anidación de mosquitos de agua puerca. Ya Poncho Martínez fue a ver ese asunto. Le creeremos su buena voluntad cuando concluya la obra y no antes, a ver si el actual presi se apiada (se oye feo, decirlo así, pero la situación no es para menos) de los colonos y comerciantes de ésta zona urbana, que parece la cóncava gigante del Waterloo.
Aún y con puras mortificaciones, amo a Morelia, Jardín de la Nueva España, mencionó el prócer José María Morelos y a quien siempre recordamos con profundo respeto y patriótica admiración.
Todavía es de lamentar que no entendieron sus palabras y aplicaron al revés sus sentimientos de la nación: «Personas reconocidas por su probidad deben ocupar los altos cargos del gobierno»
¡Que no era al revés, hombre! ¡Ayy, de verass!
Personas reconocidas por su rapacidad… ¡Que no, pues! Por su probidad: PRO-BI-DAD. No rapacidad.
Ay, estos políticos y funcionarios que no saben, leer de verdad, manitos ¿o si sabrán? Pues me acuerdo de aquel Secretario de Educación que le dijo a una niña que él si sabía ‘ler’. Y de cuyo nombre no me quiero acordar ni tantito así.
De acordarme, mejor de la inmortal Valladolid/Morelia de las canteras rosas. En tus calles he llorado, y he reído, he amado también, he peleado, he sido ebrio, en la piel del morado al rosa, en las bancas de dorado acanterado en tardes crepusculares, he besado las flores de la alfombra de tus jacarandas

