Ático, por Eduardo Aguirre…
Sin duda uno de los acontecimientos que más han sorprendido a la opinión pública en días recientes, ha sido la increíble aventura del seminarista de nombre Jesús, oriundo de Puruándiro y quien se extraviara durante una expedición al cerro del Tzirate.
Cada año se realiza este paseo por parte del seminario al volcán de altura más o menos considerable. El caso es que se les perdió el joven Jesús y hallarlo fue un prodigio no menos que milagroso. Cierto es que, perdidas ya las esperanzas de hallarlo tras de haber peinado toda la zona del cerro, los diversos cuerpos de rescate ya no sabían dónde buscarlo. Diversas corporaciones oficiales y civiles, así como ayuntamientos y voluntarios, participaron en la búsqueda del muchacho, y de quien jamás imaginaron el tamaño de sufrimiento que padecía Jesús.
Avenido su padre de los Estados Unidos para encontrar a su amado vástago, llegó a creer que habría sido secuestrado; más Jesús aún estaba perdido en algún lugar de la montaña.
Cuando la misión estuvo a punto declararse perdida, un grupo decidió explorar un sector más y reconocerlo detenidamente. Fue justo en esa ladera que encontraron con vida al milagro del año. El aspirante a sacerdote se había despeñado de una altura de 30 metros, poli contundiéndose al caer y sin posibilidad alguna de ser escuchado en la rocosa escarpada. Solitario y herido, con fracturas que le impidieron incorporarse, Jesús permaneció más de una semana sin provisiones y al amparo de la mano de Dios, en una zona de intemperie volcánica y animales peligrosos que no se acercaron al seminarista. Encontraron su pierna y pie torcidos, entre otras varias lesiones de gravedad; pero aún dispuesto a seguir cumpliendo su vocación con renovada fe.
Todos nos admiramos de su hallazgo en esas condiciones, en las que cuentan que el joven estaba irreconocible.
Ahora lo hemos apreciado ya en la comodidad de su hogar en Puruándiro al lado de su familia y el Presidente Municipal Víctor Manuel Vázquez, quien participó activamente en las labores de rescate así como el Presidente de Quiroga Arturo Estrada. Merecen un reconocimiento especial por su ejemplar conducta cívica.
Y de rescatar está la memoria de tan grande aventura teniendo al joven Jesús como protagonista de los hechos, para recomendar a los nuevos y talentosos cineastas michoacanos que ya tienen excelente ocasión para elaborar un documental, e incluso, una película.
Y es que sí dan ganas de recordar este motivado suceso en el que las fuerzas unidas de la sociedad en conjunto con las autoridades pueden obrar lo imposible, aunado a la voluntad de un joven que supo enfrentarse a las adversidades con tan solo el arma de su fe en medio de la abrupta masa mural del Tzirate a cielo abierto.
Mi admiración y reconocimiento para todos aquellos que participaron en este apoteósico rescate de Jesús en una de las mayores alturas de Michoacán.
Entre tanta devastación social que vemos hoy, casos como el de Jesús nos dan alientos. Que Dios ayuda cuando hay nobleza en los pueblos, que es aquí cuando recordamos las proféticas palabras del gran escritor Juan Rulfo: … hay esperanza después de todo, hay esperanza contra nuestro pesar.
