Columnistas

La historia del amor entre cuarteles, despilfarros, buenas casas y gastar en ser bonitos con las mujeres.

Existió una vez un gobernadorcito, y forjó un gabinete con mucho amor, recuerdo que hasta un día llegó el Santo Padrecito desde Roma a Morelia, la niña Belinda nos acompañó y hasta el helicóptero ocupó.

Fueron los días de amor, en que cantábamos y hasta con los Tigres del Norte festejábamos y bailamos no se diga a caballo con un mezcal la chica no debe faltar.

Todo era dicha y felicidad, los subordinados le sobraban y los lambiscones más tarde lo traicionaban.

Ahora, con el paso de los años, tú y yo nos volvemos a encontrar, tú entregado al mejor postor y ahora siendo suela y barbero del actual gobernado, a mí me buscan para mandarme a un fantástico lugar y todo por el cuartel cuyo dinero no se pudo comprobar ya unos en el bote y otros ya se van a amparar.

Fueron los días de amor, en que cantábamos, todos los días salíamos y en el camino mi gobernador escuchaba usted si es a todo dar

Éramos funcionarios, siempre jugábamos a gobernar, ahora no acusan de tranzas y algo más, en aquel tiempo.

Todo era dicha y felicidad.

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