Ático por: Eduardo Aguirre
Y que nos cáusa mayúscula sorpresa la muerte de María de las Mercedes Carreño Nava el jueves 21 de julio, la gran Meche Carreño del cine mexicano de los 60s y 70s, diva del atrevido erotismo en esa época todavía censurable, pero que la Meche supo desbordar en coquetería y sensualidad que a muchos corazones puso a latir con vehemente pasión al ver su escultural figura, sexy sonrisa e hipnóticos movimientos de cinturita y caderas.
Emilio «El Indio» Fernández ya le había echado el ojo, y descubrió en ella una bomba sexosa de alto potaje, primero en películas como aquella de ‘La Choca’ en donde Meche conquista al público de las salas protagonizando un papel provocativo, que desde las primeras escenas donde Carreño se baña en un remanso de río, muestra sensacional talento. Alguna ocasión mi desaparecido amigo el periodista Hugo Martínez me regaló una revista para caballeros que aún debo conservar por ahí; un ejemplar especial con fotos de la Meche, que están de ¡wooowww! Una joya de edición, preciada por los coleccionistas.
Cómo no sentir con pesar que se ha ido una diosa exquisita de la historia del cine mexicano, y bien dijo Meche que no hacía desnudos a menos que el guión lo justificara. ¡Y vaya que hubo justificaciones para ello!
Otra vez el canijo cáncer se lleva una estrella prodigiosa en su otoñal 74, maldita enfermedad controlable más no curable. Pero Meche disfrutó su carrera actoral, de modelaje, y también como productora. Le echaremos de menos a la enorme sexsimbol, y deja un reguero de muchas fantasías que lloran su partida. Meche fue mucha pieza para su época. Nos va quedando, otra veracruzana más o menos así, aunque más recatada: María Rojo.
Meche nació en Minatitlán en 1947; y, si pensamos en la jarocha Salma Hayek, pues en materia de mujeres dicen por ahí, que, solo Veracruz es bello.
Descanse en Paz, Meche Carreño, inmortal hija de Afrodita. Y a otra cosa, mariposa.
Para no fallar a sus costumbres, otra vez el feminismo vandalista sale a protestar con justificada razón pero injustificada falta de educación para manifestarse, y a rayaaaar el recién restaurado Palacio de Gobierno. Ni hablar. No parece haber nada que haga razonar a las personas, por más que decimos que los males que originan los feminicidios no están en las arquitecturas patrimoniales de la ciudad. Que nada se gana con eso. Lo vemos, sí, es notable, sí, pero no evita que la violencia siga implosionando descaradamente como también lo acabamos de ver en Jalisco. Ya no digo nombres por que son demasiados y nada se hace en el país de las muertas y los muertos. Ahora hasta cínicamente con la crónica de unas muertes anunciadas y ni así, las autoridades, desquitan el sueldo que cobran para que hagan el trabajo que les corresponde. Y eso sí, en la más absoluta impunidad los responsables. Qué barbaridad. Hasta dónde hemos llegado y todavía falta. Mira, poeta Efraín Huerta, como decías: «Mi país, oh, mi país» con un dolor de fuego de la sangre. Mira la que estamos pasando, harto está el mexicano suelo de tanta salvajada y no hay poder humano que la detenga.
Y es que, a estas alturas, no sea ya el poder humano lo que se requiera, pues ha sido superado, según parece. Y al no ver que haya decisión, arrojo, estrategia, abrazos o palabras que funcionen. Por muy increíble que parezca, se necesite ya Poder Divino. Por que, ya, agotados de inagotable calamidad, qué más podemos hacer. Ya que.
Aunque Ud. ¡No lo crea!
